lunes, 4 de mayo de 2009

Quizás...




- Despertar carmesí:

Hoy es ese día, sí, ese día en el cual va a haber un cambio, una vuelta a todo y un comienzo para tú alma. Exacto, es ese día donde las esperanzas se muestran al fin y te brindan la alegría de una luz futura. Sí, hoy es ese día en el cual se entierran los monstruos vetados por el subconsciente.


Sí, hoy es ese día, idéntico al de ayer, al de anteayer y al otro. Ese día que se repite constantemente y te brinda tantas cosas:





Tu cama, hecha de seda y olvido es quien te golpea cada mañana para despertarte de esos sueños de pasados superficiales, a pesar de saberlo en el fondo, a pesar de las decenas de golpes, tú sigues soñando con falsos amaneceres brindados por las malas pasadas de un caprichoso dios.


Tu mejor amigo, tú, te hecha la reprimenda por cada pensamiento negativo que realizas, por cada acción que llevas a cabo, por cada paso que das, pero aprendiste hace mucho tiempo a ignorar los sabios consejos de amigos, no lo haces a caso hecho, simplemente sabes lo que necesitas y ya no eres un niño al que tiene que hacer caso a todo el mundo.


Lo has decidido, vas a salir como cada mañana a admirar vacío el día que se te ha brindado, sales por la puerta, piensas que por una vez te gustaría hacerlo diferente por matar la rutina, pero es lo máximo de original que te permite esa vieja y destartalada casa que es tu hogar.


Quizás mañana por la ventana, piensas mientras te ciega la luz del sol que tiene prisa por entrar a tu casa a seguir ese juego del “pilla pilla” que tiene con la oscuridad. Mañana, por joder, abres la puerta con las luces encendidas.




- Caminar de cobalto:





Ya has vuelto de tu pequeño ciclo, ese andar sin motivo que te guía al inevitable destino cierto. Parte de la culpa la tienes tú, que te dejas llevar, ¿pero que otra cosa te queda hacer si no? a veces odias esas excusas impuestas.


Tus robóticos pies se disponen a cruzar la puerta cuando de golpe sientes algo extraño cuando miras al umbral de la puerta, pero no hay nada diferente ni ha habido ningún ruido, es como si un algo te hubiese susurrado al oído algún detalle que se escapa, un detalle pequeño y endiabladamente perturbador que a pesar de ser insignificante es capaz de alterar tu mente.


“Debe de ser eso otra vez” te dices a ti mismo y sigues hacia umbral para adentrarte en la casa que te brinda el refugio para tu cuerpo.




Mientras intentas olvidar tus remolinos internos, enciendes un purificador cigarro para que queme otro poco más tu alma y que del dolor se calme un poco la angustia de la existencia.





- Luz licuada:


Miras por la ventana para apreciar de nuevo ese día despejado de luces purificadoras pero cegadoras. Pero tras el velo de tus ojos se ve otra realidad muy distinta, por la ventana solo ves niebla, una niebla espesa que está ahí por tu bien para tapar las cosas que negaste y dejaste atrás.


Fuerzas los ojos de golpe porque te parece ver algo en esa condensación, algo distinto, pero era tan solo un nódulo en esa inmensa hipocreidad creada por tu mente.



El cigarro ya ha terminado, se ha consumido en su mayor parte en el cenicero que obediente a cumplido su función por ti, sin pedir nada a cambio como de costumbre, ya podrían tomar ejemplo las personas concluyes.

Entonces, un asalto de pensamientos y pequeñas reflexiones asaltan sin temor tu mente; aún sabiendo todos los fallos en tu vida, tanto lo falso como lo real, ¿por qué sigue todo igual? ¿acaso uno merece el castigo de ser victima y verdugo a la vez por tanto tiempo? Piensas que el mundo no es injusto, si no que simplemente la justicia es una invención humana de la cual hemos creado unos convencimientos y de la que algunos aprovechan para hacerse los mártires.


Decides dejar de darle tantas vueltas al tarro, siempre acabas pensando de manera muy negativa y lo único que hace es seguir alimentando a los perros de la frustración. Así que el mejor remedio que conoces contra ello es una buena siesta de pocos minutos para despejar la mente.



La playa, recuerdas entonces, mejor dicho, sueñas entonces ¿o quizás es algo más que se escapa de la comprensión? Pero allí está, el principio, ese recuerdo que se compone de manos unidas, largos paseos, besos sinceros y cuerpos entregados, ese recuerdo que colisionó con otro, el final, ese recuerdo que se compone de manos alejadas, cuerpos quietos y pensantes, deseos no concedidos y odios cegados. Ese tormento que conoces tan bien, o mejor dicho que conocías, ya que has logrado un gran trabajo arrancándolo de tu mente, pero por lo que se ve, en el cuarto trastero aún quedaba alguna copia.



Entonces, en otro despertar, lo ves todo más claro, ves un brecha en el muro que levantaste hace incontable tiempo.




- Simetría del corazón:


La arena blanca acaria tus pies,

unas caricias iguales a las de esos momentos,

el blanco del suelo te hace recordar su pureza,

pero esta se hace añicos irremediablemente.



La hermosa flor ahora es de ceniza,

a pesar de seguir manteniendo su viveza,

se da cuenta de su nueva condición,

y se deshace obedeciendo a la nueva lógica.



Si por cada vez que pediste el perdón,

se te hubiera concedido,

este doloroso juego no habría acabado,

este estúpido juego que deja ciego.



Olvidando el pasado se puede vivir mejor,

pero aún así niegas tu yo con ello,

es necesario apreciarse por lo que eres,

y estar orgulloso de tus errores.



La misantropía brota de nuevo,

somos el único animal que tropezó dos veces,

¿ciegos? ¿estúpidos? ¿o sin voluntad?

la solución siempre esta ahí y por fin la divisas.



Enterrar su cadáver apaciguará tu hambre,

olvidar su belleza te hará ver de nuevo,

romper los lazos creados te hará libre,

quemar su presencia es volver a nacer.



No se trata de egoísmo,

ni de crueldad,

ni de frivolidad,

solo se trata de volver…



- Aguas vacías:


El salpicar del pensamiento acompaña al del agua del mar, una mirada fija se funde con el horizonte que anuncia el anochecer, el enterramiento de un sol para que pueda renacer otro, mientras, la despiadada noche se filtrará en todos lados para tapar la realidad. Pero, nada es eterno, y no se debería tener miedo ni incertidumbre por nada.


Las aguas comienzan a salpicar violentamente buscando una razón por ello, pero un hombre que parece una estatua ante la inmensidad tiene un gran movimiento como el del mar dentro de sí mismo, parece que ya no hay niebla gris, parece que vuelve a haber color aunque solo sea para ver lo perturbador de la vida. Quizás, esos colores, pinten una nueva vida o quizás la tapen por siempre de toda paleta posible.


Quizás, otro corazón como el suyo, también sufrió, esa era su esperanza, o tal vez su propio engaño para seguir adelante y volver a intentarlo.


Quizás, no era agua, si no él mismo expandiéndose furioso sin motivo y sin alma.






Quizás…





Fotos realizadas por Benja, eterno amigo y compañero del blog Sueños de Noches Árticas (no dejeis de visitarlo).


Te dedico este texto, ¡espero que lo disfrutes! y ya sabes, no cambies y todo eso, ¡y que la fuerza de Peart te acompañe!




2 comentarios:

The Drummer dijo...

Muchas gracias por dedicarme este genial texto, me quito el sombrero porque no se que mas decir, sencillamente me ha encantado, y estoy muy contento de que mis fotos (que sabes que a mi no me gustan mucho XD) te hayan servido para crear un texto tan cierto con el que cualquiera puede identificarse.
Un fortísimo abrazo y no dejes nunca de escribir hermano

Israel Fernández Villajos dijo...

Tremenda publicación, no tengo más palabras.